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La conciencia es la piedra liminar de toda lucubración simple o sofisticada, cimiento sobre el que se construye la inmensa estructura del pensamiento casuístico u holístico, siempre condicionado por el individuo reflexionante en la producción de sentido. En la trastienda del edificio racional está el inconsciente colectivo junguiano travistiendo de azar o de voluntad expresa la simbología de variados elementos que hacen a la resistencia o a la estabilidad de la construcción consciente.
 La propuesta de Rogelio Osorio: "espectador, no productor"

"Mater" titula Osorio a sus dibujos sepiados, monolíticos troncos femeninos, reminiscentes de venus paleolíticas, y planteados en un diseño de sala estructurado en doce paneles en círculo, delimitando un espacio jugado a no-colores: "una serie obsesiva que es un sólo dibujo".

 Estas matronas, gigantes y pasivas contenedoras del hombre, son la tierra, la materia fértil representada en el inconsciente colectivo por la forma ortogonal del cuadrado. El artista decidió que el torso, en forma de nuditas naturalis, era la representación más completa y suficiente de su idea de "Mater", por lo que la cabeza desaparece de su composición, como elemento descriptivo no necesario. La cabeza, coronando el cuerpo humano, contiene el símbolo de la elevación, asociada al elemento masculino, al cielo y al círculo, siendo sede de irradiación espiritual, de expresión de matices contrapuestos a lo exento matérico. Sin embargo, estas madres asumen actitudes religiosas, émulas de íconos representados en códigos hagiográficos: no Hecatés, Madres Terribles, sino diosas vírgenes, protectoras de la fuerza generatriz. La ausencia de un símbolo primitivo se compensa con la presencia de un lenguaje corporal adscripto a la simbología cristiana.